Presentamos a continuación una entrevista con Albert Hofmann, realizada en TVE por Fernando Sánchez Dragó y otros contertulios, en 1991. La cinta del programa fue gravada en vídeo por una persona que realizó algunas copias, que se vendieron en una tienda en Barcelona bajo el sugerente título "El descubrimiento de la aspirina", o similar. Una de estas cintas fue adquirida por Domentx Ucin, que tras visualizarla varias veces llegó a la conclusión que este pequeño tesoro debería estar al alcance de más personas. Junto con Maite Elizburu, decidieron emprender la ardua y loable tarea de transcribir la entrevista por completo, que nos fue remitida por correo electrónico para su posible inclusión en esta web. Desde aquí le agradecemos el trabajo hecho y la voluntad de dar a conocer este relevante documento.
Téngase en cuenta que el texto que sigue es una trascripción de una conversación televisiva; de aquí la escasez de puntos en el texto y la abundancia de puntos y coma. Desconocemos la situación de los derechos para la reproducción de esta entrevista. Al ser emitida por la televisan pública española suponemos que no hay inconveniente alguno en que se reproduzca aquí con ánimo informativo. Para cualquier asunto en relación con los derechos pueden ponerse en contacto con nosotros a través del mail emc@imaginaria.org
Programa de la 2 TVE " La Noche" (aparece este título al final de los créditos, aunque habíamos entendido por la entrevista que el título era "El mundo por montera").
Contertulios: Dr. Albert Hofmann, Antonio Escohotado, Fernando Savater, Luis Racionero, Mario Satz, André Malbi y presentando Fernando Sánchez Dragó.
Fernando Sánchez Dragó: En estos momentos son las 3 de la tarde. El programa que hoy vamos a ver no se emite en directo como de costumbre, sino que se grabó el lunes 23 de octubre. En los días inmediatamente anteriores a esta fecha, la Universidad de Bilbao (Deusto, se supone) había organizado una serie de actividades culturales en torno a la figura del escritor alemán Jünger, último representante vivo de lo que fue la gran literatura europea. Y entre las personas que acudieron a esa cita, en la capital de Bizkaia, además del propio Jünger, al que se le confirió el Doctorado Honoris Causa por la citada Universidad, figuraba el Dr. Albert Hofmann, químico de profesión y naturalista por afición; lo que se dice un mito de nuestro tiempo, un hombre de alcance, fama y talla universal, por muchas cosas, pero sobre todo porque el Dr. Hofmann sintetizó, allá por los años 30 en los laboratorios Sandoz de Basilea, la dietilamida del ácido lisérgico, descubrió lo que hoy conocemos con el nombre de LSD y provocó uno de los mayores fenómenos -o cataclismos, según se mire- culturales y contraculturales de la historia universal. No podíamos desaprovechar la oportunidad de traer al Mundo por Montera a este nuevo Pitágoras, a este octavo sabio de Grecia, y de aquí que hayamos renunciado otra solución -no era posible-, a lo que en la jerga Televisiva se llama "el directo".
Albert Hofmann tiene en estos momentos 84 verdes años entre pecho y espalda y, como van a comprobar enseguida, está hecho una rosa. Es suizo, de habla alemana, y en alemán vamos a entendernos con él gracias a los servicios de traducción simultanea.
Fue Antonio Escohotado, autor de esta "Historia de las Drogas" en tres volúmenes recién aparecido, tertuliano habitual en "El Mundo por Montera", quien consiguió traer a Hofmann a este programa, de modo que es justo que sea también Escohotado quien nos lo presente, aunque sea por poderes. Tengo aquí una larga e interesantísima entrevista con Hofmann firmada por Escohotado y publicado por la revista "El Paseante", y esa entrevista empieza con lo que ahora, a guisa de presentación de nuestro principal invitado en el día de hoy, voy a leerles:
"En el otoño de 1977 una muchedumbre llenaba el aula magna de la Universidad de California en Santa Cruz y sus inmediaciones, con el rostro pegado a las ventanas o el oído atento a los altavoces que difundían las ponencias de distintas celebridades en un simposio internacional. Un hombre de mediana edad aparentemente, sencillo traje gris y corbata, se abrió paso con dificultad hacia la mesa, donde distintos micrófonos florecían como ramas de un arbusto metálico. Cuando las ovaciones se serenaron, el llamado padre de la era psicodélica desplegó unas cuartillas y empezó diciendo: temo decepcionarles, quizá esperaban a un guru, en vez de eso se les presenta un químico". Y en efecto... el químico, ha acabado sugiriendo, éste químico, un concepto del mundo, la metáfora del transmisor-receptor, seguramente hablaremos de ella en el curso del programa, que pronto aparecerá en castellano en forma de libro.
Hofmann nació en el cantón Suizo de Argau?(Argovia) en 1906 en el seno de una familia humilde que quedó desamparada por la muerte prematura del padre. Paso su adolescencia en el banco de taller de una fábrica como primogénito responsable de los suyos, pero le fascinaba la investigación científica y cursó simultáneamente estudios de química en Zurich, que terminó en un tiempo récord y con premio extraordinario culminando esa carrera con una tesis doctoral que hizo época, al describir por primera vez la hasta entonces enigmática estructura de la quitina. Los años duros quedaban atrás y siendo fiel a una vocación ya sentida desde niño, la de conocer los principios activos de las plantas, aceptó un puesto de investigador en el pequeño laboratorio que era Sandoz por entonces; allí permaneció hasta su jubilación, con hallazgos que contribuyeron enormemente a hacer de esa empresa un gigante farmacológico mundial.
Fruto de esos años fueron descubrimientos que Hofmann llama comerciales, tranquilizantes y analgésicos, alternados con otros que le permitirían desarrollar fármacos todavía insustituibles en obstetricia y neurología. Investigaba el misterioso hongo llamado cornezuelo o ergot, cuando topó con la dietilamida del ácido lisérgico, o LSD, un derivado semisintético que absorbió inadvertidamente; iba en bicicleta, después de haberla absorbido inadvertidamente, y le sucedieron cosas muy curiosas, es un viaje en bicicleta célebre, quizá el más célebre de los viajes en bicicleta.
Decía, Escohotado, que este derivado semisintético fue descubierto por Hofmann y a partir de entonces no solo su vida, sino la de innumerables otros, experimento una profunda modificación. Jünger y Aldous Huxley, también la CIA y la psiquiatría institucional, se apasionaron con el producto -unos creyendo que contribuiría a ensanchar la cordura y otros que permitía desatar a voluntad la demencia. En cualquier caso, nadie discutió que esa sustancia y varias más de su especie descubiertas por él durante los años 50, eran el hallazgo psicofarmacológico más importante del siglo. Doctor Honoris Causa en Harvard, Zurich, Estocolmo y Berlín, a mediados de la década siguiente fue invitado por la academia Sueca a pronunciar el ciclo de conferencias previas al otorgamiento de su galardón, que quedaría indefinidamente pospuesto, cuando el conjunto de prometedores hallazgos se convirtió de la noche a la mañana en amenaza mortal para el orden establecido. Instado por el Pentágono a que colaborase en sus proyectos de armas químicas, y por la inteligencia contracultural a hacer precisamente lo contrario, todo ello a partir de las mismas sustancias, comenzó para él, para Hofmann, una época de perplejidad sólo apaciguada con la distancia crítica que otorga el paso del tiempo.
Hasta aquí, un poco larga pero creo que era necesaria la presentación de Albert Hofmann. Aquí lo tenemos. Bienvenido, Dr. Hofmann, a este programa, gracias por ponerte el mundo por montera con nosotros; aquí lo tenemos, decía, sentado en mi trono de moderador del programa; se lo he cedido porqué va a ser el epicentro de este programa y también y sobre todo por cortesía hacia un maestro que viene de fuera.
Tenemos también a varios de nuestros contertulios habituales, que no fijos; son -vamos a presentarlos por enésima vez- el escritor y cabalista Mario Satz, el biólogo y otras muchas cosas André Malbi, el también escritor y taoísta Luis Racionero, el filósofo Fernando Savater y también escritor, como no, y el filósofo y también escritor -todos escribimos aquí, hasta los químicos- Antonio Escohotado, que ya ha salido a relucir. Es el de hoy un programa un poco especial y vamos a salirnos del carril. Será esto una tertulia, sí, pero una tertulia enfocada, polarizada, hacia el Dr. Hofmann. Una tertulia a mitad de camino entre la charla y la entrevista con contraste de pareceres. E... los contertulios del Mundo por Montera se convierten hoy en alguaciles alguacilados y, en vez de dar opiniones, aunque también las darán, van a provocarlas, o sea, van, vamos a entrevistar conjuntamente a nuestro invitado, pero de modo tal que sus preguntas y las respuestas de Hofmann puedan dar pie a otras intervenciones de las personas presentes en el estudio.
Yo creo que es Antonio Escohotado la persona más indicada para disparar la primera salva de este interrogatorio, de este tercer grado indagador y amistoso, pero antes, debería de tomar la palabra el Dr. Hofmann para decirnos en que consiste el camino de Eleusis, o El Camino a Eleusis, título de este volumen escrito al alimón con el etnomicólogo R. Gordon Wasson y el helenista C. Ruck. E... Dr. Hofmann, ¿ese camino de/a Eleusis hacia dónde conduce, cómo se sigue, cual es su meta?
Dr. Albert Hofmann: (habla pausada y fluidamente) Me alegra mucho tener ocasión de poder hablar sobre LSD sirviéndome de Eleusis.
A lo largo de milenios, Eleusis ha sido el centro espiritual más importante de la antigüedad Griega. Los misterios de Eleusis tienen su origen en la diosa del grano, la diosa Démeter; ella originó estos misterios como agradecimiento por haber vuelto a encontrar a su hija Perséfone. Perséfone había sido secuestrada por Hades, el dios del Tártaro, y como muestra de agradecimiento la diosa del grano regaló a la humanidad los cereales, así como los Misterios de Eleusis.
En estos misterios se enseñaron una serie de reflexiones sobre la vida y la muerte del hombre; se sirvieron como ejemplo del mismo grano del centeno; el grano del centeno es plantado en la tierra y muere allí para dar pie a nueva vida. Forman parte de estos misterios toda una serie de personajes conocidos en la antigüedad: Píndaro, Cicerón, Platón, todos estos personajes fueron allí en peregrinaje y les estaba prohibido decir lo que allí habían visto, era un secreto; pero lo que sí les estaba permitido era contar cual era la importancia que para ellos tenían los Misterios de Eleusis; y de forma unánime todos manifestaron que allí les había sido permitido comprender los mismos orígenes de nuestra vida, y también habían logrado vislumbrar el final de la vida: habían empezado a comprender de dónde venían y adonde iban.
Se sabía que los adeptos que peregrinaban a Eleusis después de largos preparativos, al final de su viaje recibían una bebida sagrada; esta bebida es la que les proporcionaba la iluminación, y de siempre había sido un problema para los investigadores y para la ciencia el averiguar los ingredientes de esta bebida sagrada capaz de iluminar la mente humana. Se formularon las más diversas hipótesis y teorías, y yo, conjuntamente con unos amigos -con el señor Wasson y el señor Ruck- he formulado la hipótesis que tenía que haber una combinación del tipo de LSD que estaba contenida en esta bebida sagrada. Llegamos a esta conclusión por la razón siguiente: cerca de Eleusis, y en realidad en todo el ámbito del mediterráneo, crece entre la hierba salvaje un cornezuelo de centeno muy especial, y en este cornezuelo de centeno nosotros descubrimos sustancias -combinaciones muy cercanas a la LSD. En realidad sólo están caracterizadas por una variante química mínima, muy poco importante, y por consiguiente me parece probable que los sacerdotes de Eleusis fuesen recogiendo este cornezuelo de centeno; lo tenían muy cerca, no tenían mas que triturarlo, y es muy probable que sea ésta la sustancia que se mezclaba en la bebida sagrada para convertirla en una bebida completamente psicodélica. (del griego psico/psique, alma-mente-espíritu y delos, visible patente, por lo tanto, reveladora del alma, relativo a la manifestación de elementos psíquicos que en condiciones normales están ocultos.)
Por otra parte hemos dicho que la diosa Démeter era la diosa del grano, y esta es una razón de más por la que el principio activo de Eleusis posiblemente creciera del grano. Hasta ahora por parte del mundo de la ciencia todavía no ha habido ninguna voz de oposición en contra de esta teoría. Parece ser por consiguiente que esta hipótesis es más que probable.
Fernando Sánchez Dragó: Antonio: ecce homo! -pero antes de formularle la primera pregunta me gustaría, tú que fuiste el primero de todos nosotros que lo conoció, y que además lo has visitado en su casa, en la cumbre de una montaña suiza, de una colina suiza que linda ya con Francia, que evocaras un poco como es Albert Hofmann, cómo lo conociste, cómo vive...
Antonio Escohotado: Bueno, yo leí el libro este "Mein Sorgenkind" que aquí se ha traducido como "testimonio de su descubridor", pero que se debía traducir como "mi problemática criatura", "LSD. Mi problemática criatura", y bueno él era un hombre mitológico para todos nosotros desde los años 60 o así, pero al leer el libro saqué... saqué en clara conclusión, que además de ser un químico, era un humanista, era un poeta, era un visionario. Entonces le escribí. Tuvo la cortesía de contestarme; a mí me tocaron unos contratos de traducción por Viena y a la vuelta de un contrato conseguí una pequeña reunión en Basel (Basilea), y a partir de allí hemos seguido viéndonos, de esto hará unos seis años aproximadamente; y bueno, a los tres años o así tuve el honor de,... vamos, el honor de hacer el viaje para llegar a su casa, porque su casa es el primer viaje de reconocimiento de Alberto, se pasa por muchos sitios, por cañadas profundas, por pastos maravillosos y lustrosas vacas, se ven esas casas todas de madera de Suiza; y él arriba, tiene una casa pues... como de Frank Lloyd Wright pero en un escenario... de la Suiza de Guillermo Tell. Tiene una piscina dentro, pequeña piscina donde él se baña, es una delicia permanecer allí; y, bueno ya que me toca el primero en el turno de preguntas, me gustaría recordar una parte, un capítulo del último libro del Doctor Hofmann, de muy difícil traducción al castellano, y estamos luchando a ver que traducción le ponemos al título, donde él dice que estos Estados Alterados de Conciencia, o Estados de Conciencia Alterada, como se quiera decir, pueden ser útiles no sólo en el sentido habitual de hacer frente como la psiquiatría... a traumas, sino de una forma digamos cotidiana; no podemos ir –dice el doctor Hofmann– por la vida haciendo nuestros negocios habituales en este extraordinario estado de ánimo, sin embargo, a veces, entrar en ese estado extraordinario de ánimo puede ayudarnos a mirar con más ecuanimidad, con más serenidad, hasta lo más cotidiano, hasta la vida puramente práctica... cuáles son nuestros verdaderos intereses concretos. Al leer esto yo pensé que tenía de haber un poquito más, un poco más de que.. no debemos ir por la vida en este extraordinario estado de ánimo, y sin embargo no podemos ir por la vida sin que alguna vez, tengamos este extraordinario estado de ánimo... ¿me comprende?
Dr.Hofmann: Sí, naturalmente. Bueno yo creo que... lo que se percibe bajo la influencia de la LSD es lo que en otros términos, sobre todo en terminología religiosa, se ha calificado como iluminación. Se trata de una vivencia del mundo y también del propio yo, que difiere de la conciencia cotidiana en el sentido de que la barrera desaparece, poco más o menos, este pensamiento dualista con el que funcionamos de forma habitual es superado, y por así decir uno de adentra en la propia naturaleza, en la propia creación; se tiene la sensación de comprenderse a uno mismo mucho mejor si experimenta la creación no por más tiempo solamente con la razón, sino con la emoción, con el corazón. Y esto es lo característico de la visión, de los visionarios -es lo que ellos describen; quizás no sea exactamente lo mismo, pero es una sensación muy parecida con un significado igualmente parecido.
Fernando S.D.: Fernando Savater, tu turno.
Fernando Savater: Bueno, en primer lugar, yo quisiera también, aunque sea un poco, unirse al coro de las justificadas alabanzas que estamos oyendo decir que e... para mí también es muy importante encontrarme aquí con el Dr. Hofmann, e... al que considero digamos un creador en el sentido de impulsor espiritual, de persona capaz de desarrollar energía espiritual, con el mismo título con que consideramos a los grandes poetas, a un Rimbaud, a un Hölderlin, que han hecho esa misma función, esa misma función de expandir la conciencia humana e... En una ocasión... hay una anécdota que no sé si alguna vez la habré contado a los oyentes aquí mismo: Stendhal paseaba con un amigo e... por Roma, pasó por San Pedro en el Vaticano, Stendhal elogiaba enormemente la cúpula famosa de San Pedro, y entonces el amigo, de un modo muy positivista, muy "pied àterre" (con los pies en la tierra) dijo, "pero esto en el fondo para qué sirve", y Stendhal le contestó: "eso sirve para conmover el corazón humano". Bueno, yo creo que el corazón o el espíritu humano es un poco como los crecepelos -que hay que agitarlo antes de usarlo, hay que moverlo antes de usarlo; y el arte es uno de esos estimulantes que sirven para agitar el corazón humano y el Dr. Hofmann, también.Yo creo que le debemos uno de esos estimulantes para agitar y para utilizar el corazón humano, de los más importantes, de los más interesantes que este siglo ha visto. Mi pregunta se centraría en torno a una persona, para mí muy querida, que en mi adolescencia fue muy importante para mí -como lector- que es Aldous Huxley.
El Dr. Hofmann conoció bien a Huxley, incluso tuvo e... en fin, fue la persona que le proporcionó y que le introdujo, digamos, en el tema de la apertura de las puertas de percepción, a la cual Huxley dedicó tantas páginas importantes, y creo que finalmente incluso le asistió en el momento de su muerte, al final como... tal como Huxley quería. Me gustaría que si brevemente él pudiera contarnos algo de su relación con Huxley, yo se lo agradecería mucho.
Dr. Hofmann: A mí me impresionó profundamente Huxley. Tres años antes de su muerte, en 1960, Huxley me llamó por teléfono al laboratorio pidiéndome una entrevista y un almuerzo, a mí me alegró mucho esta invitación, porqué tenía conocimiento de sus obras "Las puertas de la percepción" y "Heaven and Hell" ("Cielo e infierno") y así efectivamente nos reunimos en Zurich, y él me contó que estaba trabajando en su novela "Island" ("La Isla"); y en esta novela, decía, se mencionaba una droga muy especial: en esta isla se describe cómo un entorno antiguo es impregnado por la tecnología moderna. Y en esta cultura hay una droga que juega un papel fundamental, la medicina moksha; se trata de la llamada medicina de la iluminación y esta medicina, en esta cultura utópica, es una medicina que se administra en tres ocasiones en la vida; la 1ª vez en el tránsito de la niñez a la pubertad, una 2ª vez en la crisis de la mediana edad, y finalmente poco antes de la muerte, esa, esta gran transición.
A continuación, cuando Huxley terminó su libro, me lo regaló y me lo dedicó. Escribió: al Dr. Hofmann al descubridor original de la Mokshametzina. Y efectivamente, Huxley, aquello que describió en su novela, es lo que él ha vivido en su propia vida. Cuando ya estaba en el lecho de muerte -no hay que olvidar que padeció un cáncer muy doloroso- ya no era capaz de hablar; pues en el lecho de muerte, como digo, escribió unas notas para que las leyera su mujer, indicando 0,1 miligramos de LSD-IM. Su mujer sabía lo que significaba; ella le preparó esta inyección y él murió en paz. Esta experiencia tenía algo de conmovedora, porque con este acto Huxley mostraba que lo que él había descrito en su obra como un literato, como filósofo, era algo que él estaba dispuesto a vivir en su propia vida.
Fernando S.D.: Luis Racionero, tú nos has traído precisamente este libro de Aldous Huxley "Moksha", que habla de lo que nos acaba de explicar Albert Hofmann.
Luis Racionero: Exactamente.
F.S.D.: Tu pregunta Luis, por favor.
Luis Racionero: Si e..., claro, a mí me interesa enormemente el Sr. Hofmann porque, hasta la LSD, yo había creído que el conocimiento consistía... bueno, en leer libros, en hablar con personas ilustradas... y por tanto ir acumulando información. Con la LSD yo me di cuenta que el conocimiento, aparte de ir llenando el cerebro, podía ser poner el cerebro en otro estado, es decir, yo creo que a veces se evoluciona más si uno pasa de un computador a otro más grande, o de un programa a otro, que llenando el mismo computador de más y más información; es ese salto cualitativo el que desde luego me interesó enormemente al probar la LSD, es decir, el cerebro se convierte en otra cosa, funciona de otra manera, parece que tiene muchísimas más conexiones neuronales. Yo le quería preguntar si él podía explicar de una manera accesible, al público en general, pues que pasa e... químicamente o neurofisiológicamente en el cerebro cuando uno toma sustancias de este tipo; cual es el mecanismo que hace que el cerebro se transforme en otra cosa, llegue a otro estado de funcionamiento.
Dr.Hofmann: La LSD, y también todas las sustancias afines, sustancias por ejemplo procedentes de las drogas mexicanas -mezcalina o psilocibina, por ejemplo-, estas sustancias tienen una estructura química que está muy relacionada con los llamados neurotransmisores, las hormonas cerebrales muy normales y que juegan un papel muy importante en la estructura química de nuestra propia psique. Se puede explicar el proceso de la manera siguiente: la LSD y los otros productos psicodélicos ejercen una función estimulante para la función cerebral, actúan en las más diversas direcciones. La vivencia emocional es una de las vivencias que es estimulada; se estimulan también las percepciones: los colores se vuelven más intensos, y la audición también se ve estimulada... prácticamente toda la percepción sensorial aumenta, se intensifica, y la experimentación de todas estas impresiones procedentes del entorno, a su vez, se potencian una vez más. Todo ello lleva a una percepción completamente diferente a la percepción cotidiana; como ya he dicho, se tiene la sensación de entrar en un nivel de realidad que hasta ahora sólo se podía percibir desde el exterior, mientras que ahora se vive desde el interior. Pero para contestar a la pregunta, la explicación de porque se producen estos efectos a través de estas sustancias, pues se explica por su afinidad con las sustancias y hormonas cerebrales, con sustancias que están presentes en el cerebro. De no existir esta afinidad sería muy difícil comprender porque afectan hasta este punto la estructura química de nuestra psique.
Luis Racionero: Si, bueno, Huxley decía que era como si se levantaran unos filtros, es decir, cuando estos radicales que se parecen a la serotonina y la acetilcolina se ponen en las sinapsis neuronales, parece que haya un levantamiento de filtros, ¿no?, que normalmente la percepción normal está mucho más e... sometida, mucho más e...
Antonio Escohotado: Rutinarizada.
Luis Racionero: Si, rutinarizada, espesa... como si hubieran, pues eso, realmente unas pantallas o unos filtros que fueran los que nos mantienen en este estado, y que al entrar estas sustancias, estos filtros se levantan; ¿esto químicamente como sucede?
Dr. Hofmann: Bueno, creo que no se puede explicar desde un punto de vista químico. Estamos más bien ante una metáfora... además que Huxley utilizó otra metáfora; él dijo que normalmente nuestras sensaciones y nuestro entorno tienen que ser filtrados; si nosotros pudiéramos evidenciar todo lo que nos llega no podríamos procesarlo, necesitamos una válvula –se trata de una válvula muy estrecha en nuestra conciencia cotidiana– y ésta válvula es la que se abre a través de estas sustancias; somos capaces de recibir mucho más de lo que nos llega. Ésta es la metáfora que él utiliza y es también la misma, e... el mismo sentido, en realidad que la metáfora del filtro, pero a mí me gusta más la de la válvula.
Fernando S.D.: Mario Satz... Y les recuerdo a todos que nos hemos comido ya más de la mitad del programa.
Mario Satz: Bueno, yo tengo unos cinco minutos.
Fernando S.D.: Je, je, je, segundos.
Mario Satz: A... me gustaría, de ser posible, Dr. Hofmann, volver al tema de Eleusis en relación al tema de lo sagrado y lo profano. Porque me parece que no es de ninguna manera casual que lo sagrado de la experiencia Eleusina esté ligado a la agricultura y al grano; yo he descubierto hace poquísimo tiempo que los Misterios Mayores, por ejemplo, se celebraban en septiembre. Septiembre está bajo la constelación de Virgo, y Virgo tiene como imagen tradicional a una mujer que sostiene una espiga; por lo tanto la espiga, en aquellos momentos de los Misterios Mayores, estaba arriba y estaba abajo. Usted nos habló de Démeter y del don de la agricultura. Si aquella era una experiencia sagrada, y hipotéticamente esta ligada al cornezuelo del centeno, y estamos en un momento en el que se plantea el problema de la legalización o no-legalización de las drogas, de otras e inclusive de ésta misma droga, me preocupa saber porqué en ese siglo clásico, supongo que fue la época de Pericles, se planteó el problema de censurar a un grupo privado de personas que había -no se si usted recuerda en el libro- celebrado el mayor de los Misterios privadamente, como si aquello maravilloso que veían los peregrinos en Eleusis sólo pudiera ser sagrado en la medida que fuera colectivo, ritual, trascendente, y no individual y en cierto modo profano ¿Es que la experiencia capital que provocan las drogas tiene que estar ligado a lo sagrado? ¿Es necesario?
Dr.Hofmann: En primer lugar quisiera decir... bueno, usted ha hablado de la prohibición de las drogas o de su posible legalización; hay que diferenciar entre diferentes tipos de drogas. Hay drogas que son sumamente peligrosas, drogas que producen la adicción como la heroína, las anfetaminas o los opiáceos. Estas son drogas que justamente por provocar la adicción y la utilización crónica producen un deterioro físico y psíquico. En cambio, la LSD y los otros productos psicodélicos no provocan adicción y son poco tóxicos; no hay que clasificarlos realmente como drogas para no incluirlas en este conjunto de sustancias problemáticas. Con ello no quiero decir que estas drogas carezcan de peligro; ésta es la razón por la que en Eleusis se presentan en un marco restringido; ésta es la razón por la que los indios, por ejemplo, que siguen utilizando estas drogas en la actualidad, lo hacen a modo de plantas sagradas sólo destinadas al culto religioso. Porque cuando no se está preparado para lo que a uno le sucede bajo la influencia de estas sustancias, pues uno no es capaz de superar esta experiencia, desde un punto de vista psicológico; para el no-iniciado la vivencia que se produce es tan abrumadora... Esta experiencia que consiste en separarse del mundo habitual, para adentrarse en un mundo mucho más complejo, mucho más profundo, para una persona no preparada la consecuencia puede ser un profundo shock psíquico, un derrumbamiento traumático. Éste es el peligro de estas sustancias, pues tienen que utilizarse en un marco ceremonioso que nos falta normalmente -y cuales son las consecuencias de esta situación se ha visto muy claramente en América en los años 60. Por ejemplo, se produjo casi una nueva era, al menos era lo que se creía en aquella época, la época de los hippies, pero se ha mostrado que se había obrado sin cautela. Estas sustancias se habían ofrecido como bienes de consumo para un consumo masivo, sin tener en cuenta la necesaria cautela, el necesario cuidado que ya se conocía en la antigüedad y una cautela que también respetan los indios. En aquella época, en los años 60, se vendía LSD por la calle, sin respeto alguno, y ésta fue la razón por la que se produjo la catástrofe. La revolución psicodélica terminó en el sentido de que éstas sustancias que antes tenían un empleo ritual, en los EE.UU. eran productos de venta libre para su utilización en medicina y también para el consumo privado, y a raíz de estos acontecimientos de los años 60 se pasaron a prohibir y adquirieron una fama todavía más negativa que los opiáceos. Sin embargo, los médicos que tenían estas sustancias en su posesión, hasta hoy no han podido utilizarlas, a diferencia de los opiáceos que sí pueden utilizar; y quizás aquí habría que intentar provocar un cambio. Deberían ser productos accesibles para la psiquiatría y la investigación médica, por así decir. Hoy en día los psiquiatras se han convertido en los gurus, en los sumos sacerdotes de nuestra sociedad, y si tomamos el ejemplo de los indios, estas sustancias están en manos del curandero, del sacerdote de la tribu; es el único que sabe utilizarlas, porqué es el que sabe, y sabe cómo administrarlas. Bien, en nuestra sociedad, para seguir con el paralelismo, el sumo sacerdote sería el psiquiatra, y por eso en una primera fase me parece conveniente que estas sustancias se separaran de las otras drogas que producen adicción, y se deberían volver a las psiquiatras. Me parece que debería ser un primer paso.
Fernando S.D.: André,
André Malbi: E... Dr. Hofmann, aquí se han levantado muchas liebres. Yo tengo unos cuantos interrogantes muy diferentes de los que tenía al empezar esta rueda de tertulia. El primera de todas tiene que ver con el concepto de iluminación. Aquí se pareció confundir la luz que viene de dentro con la que viene de fuera; lo más extraño de este tema es que tenemos una glándula que se llama la hipófisis que fabrica una sustancia la 5-hidroxi-triptamina, la serotonina, la cual acaba de mencionar Racionero, que tiene una estructura muy parecida a la LSD. Tiene en común con la LSD, con la psilocibina y con un montón de psicotropos, una parte de su estructura molecular que es el anillo indólico que caracteriza a estos compuestos; pero de una manera extraña, el exceso de serotonina en el cuerpo humano viene totalmente contrarrestado por la toma de LSD. Primero.
Segundo; se ha llegado a bautizar a la serotonina o la 5-hidroxi-triptamina, como la hormona del estrés, o esta angustia de imposibilidad que nace del enfrentamiento con el mundo que nos rodea. El LSD, en este momento, permite de ya no estar angustiado y a lo mejor sólo ser presente, que es la primera cosa importante lo que quiero preguntar.
La segunda es que, detrás de todas las preguntas que han sido hechas, y en todas las que se podrían hacer, hay la pregunta fundamental: ¿Existe una sustancia que sería la Puerta de la Muerte?, ¿sería posible de entender antes de morirse lo que esto implica? ; Puede ser de que todas esas iniciaciones antiguas que implican cada una de ellas y todas a la vez, el paso por la pequeña muerte, algo que ver con la movilización de unas sustancias que el cuerpo humano es capaz de producir? ¿Sería posible de que todas las síntesis que se puedan hacer sean sólo símiles, reproducciones o intento de parecido con algo que podemos nosotros hacer? Pporque, diablos, hay santos que llegan al extasis por sí solos en la soledad, en el hambre, en la oscuridad, en la pobreza, y que de repente haya que ganar 50.000 pelas para comprarse una dosis, cuando, del, porque está prohibida. Y de otra parte hay algo más, que me molesta bastante, es que se está planteando como si habiera... hubiera conciencia de 1ª y conciencia de 2ª... lo siento, estamos viviendo en un universo que es tal como es, y de momento el único problema que tenemos es tener que aguantarnos con la limitación sensorial en la cual vivimos; pero, el hecho de que no veamos los rayos infrarrojos, los rayos X o toda la gama de la radiación electromagnética, no impide de que existan; en realidad, es la pega (pena?) de un ciego frente a los cuadros de Goya, y yo, a mí, me encantaría saber si acaso no habría que diferenciar las sustancias que permiten ser más lo que somos y ayudar a que el universo en que estamos sea más lo que es, y sustancias que lo alteran. Yo diferenciaría muy fuertemente las drogas, de las sustancias psicotrópicas, porque la droga entrega un universo alterado, falso, mentiroso, totalmente diferente de sí mismo, y las sustancias como la que usted ha pasado a la historia en 1943, son las que abren hacia nosotros mismos y a través de nosotros hacia todo el resto, el mundo, la gente, la vida y probablemente la muerte, porque los trabajos del Dr. Larche (¿?) sobre estimulinas(¿?) biogenes que implican alteración del núcleo indol para que puedan aparecer, me parecen muy interesantes. Qué le parece, ¿existe una droga de la muerte?, puede ser que el éxtasis, puede ser que la luz pueda salir de alguien, ¿es cierto de que Teresa de Ávila tuvo el corazón atravesado por una luz tan fuerte, que llego físicamente a dejar una herida?
Dr.Hofmann: Bueno, en cuanto a la última pregunta de la Sta. Teresa de Ávila, se trata de una pregunta a la que no puedo contestar, pero todas estas preguntas me llevan una vez más a Eleusis. En Eleusis se transmitió un conocimiento sobre la vida y la muerte. Y este conocimiento de hecho es el conocimiento que buscamos en nuestra vida, cualquier ser humano reflexiona sobre su origen y sobre la meta a la que se dirige. Y hay diferentes métodos para llegar a una contestación, diferentes métodos para lograr unos conocimientos más profundos; métodos como la meditación, los diferentes ejercicios del yoga, el aislamiento al que se han sometido muchos de los llamados santos, y también existe la vía por las sustancias psicodélicas, pero no es más que un camino para ayudarnos en esta búsqueda. Y de hecho, muy a menudo, las vivencias bajo la influencia de LSD y otras sustancias psicotrópicas se describen como una muerte y un resucitar; hay una fase en la que se experimentan unas vivencias muy sombrías, fases que podrían describirse como una sensación de muerte; pero al final de esta vivencia vuelve la luz, y es justamente lo que muestra Eleusis: a saber, el abandonar el mundo habitual, pues este abandono, esta separación del mundo cotidiano, pues, puede equipararse a una sensación de muerte. Se abandona lo que uno conoce como el mundo, este mundo cambia y durante un momento se tiene la sensación de estar perdido, pero, a continuación uno entra en un nuevo nivel de conciencia con la sensación de haber integrado la conciencia cotidiana dentro de esta nueva conciencia; se experimenta una nueva dimensión, y una nueva conciencia de la realidad.
Andre Malbi: Mira, la mejor manera de morir es la de dejar de vivir, evidentemente; sin embargo, el hecho de poder experimentar, mientras el cuerpo vive, la muerte, como el acabar una cierta trayectoria, pero sólo implicando la mente, la capacidad que tenemos de ser conscientes de nosotros mismos y de lo que nos rodea, yo y el gran otro, este universo con el que estoy dialogando siempre, pasa evidentemente por prótesis; yo creo evidentemente que las drogas son prótesis, y que hay prótesis que obligan a caminar torcido y otras que ayudan a caminar recto; el fundamento de mi pregunta era saber si la LSD (el Dietilamid-noroacilmetil-d-lisérgico?) ayudaba a caminar recto o sólo nos enseñaba uno de los varios caminos que permiten rodear la existencia reciproca de este gran otro, y de cada uno de nosotros.
Dr. Hofmann: Para mí la vivencia del LSD ha sido un abrir de mis propios ojos. Yo he tenido de repente mayor conciencia de que la creación puede vivenciarse de un modo mucho más grande, mucho más hermoso de cómo lo solemos percibir. Es un estado de estimulación (me parece que él dice Rausch que se traduce mejor como Embriaguez) y de un verdadero éxtasis, pero hay que volver; no se puede permanecer en este Estado Extático Estimulado, no podemos vivir nuestra vida normal en este estado. Para hablar en palabras de Huxley, tenemos que volver a cerrar las válvulas, tenemos que volver a afrontar nuestros problemas cotidianos. Pero es importante saber que detrás de la barrera de nuestra vida cotidiana se oculta un mundo mucho más amplio, mucho más profundo y divino.
André Malbi: Una pregunta sin respuesta necesaria, ¿quién murió cuando usted nació y quién nacerá cuando usted muera?, no se contesta esto y dejo la palabra.
Dr. Hofmann: Ha, ha, ha, tampoco podría contestar.
Andre Malbi: Ni hace falta.
Fernando S.D.: Bueno, yo, en vista de que el programa se nos está yendo, renuncio a mis preguntas y le paso la palabra a Fernando Savater, que creo que tenía que formular alguna...
Fernando Savater: Bueno si, un minuto, no... Yo simplemente quisiera decir algo en torno a la distinción entre digamos drogas de 1ª ó de 2ª ó de 3ª. Yo creo que las hay, y creo que hay posibilidad de tratar jerarquías y gustos muy diferentes en general,
Antonio Escohotado: Como en los vinos.
Fernando Savater: No, yo sólo... no diría como los vinos, yo diría por ejemplo como en los libros, es decir, a mí me gustaría que la gente estuviera educada en la lectura de una determinada serie de obras que me parecen liberadoras y enriquecedoras, y no en otras obras que me parecen empobrecedoras o embrutecedoras; pero en cualquier caso lo que no soy partidario es de la prohibición, digamos, de las obras literarias. A mí me gustaría que la gente fuera partidaria de la lectura, digamos entre comillas, de las obras por ejemplo del Dr. Hofmann, en vez de la lectura de otras obras algunas de ellas perfectamente autorizadas, y vendidas en las farmacias e... muy embrutecedoras y muy tristes para el ser humano. Yo lo que quisiera decir es quehoy, frente a la libertad ante esta oferta, hay dos propuestas: una la de la culpabilización, es decir, la culpabilidad como respuesta ante la libertad, la satanización, convertir las drogas en culpa; y otra la responsabilidad: yo pienso que el uso, el contacto, con determinadas formas de conciencia diferente cómo puede lograrse por... Ciertas drogas como la LSD, e... pueden aumentar la responsabilidad y utilización de determinadas sustancias, frente a la culpabilidad con que se las carga normalmente.
Dr. Hofmann: Creo que es muy importante que uno comprenda perfectamente que la utilización de las drogas es una aventura, porque la entrada en otros niveles de conciencia, ya sea a través de la meditación o productos psicodélicos como la LSD, siempre implica un atrevimiento. Pero creo que deberíamos dejarlo a la libre responsabilidad del individuo; él debe ser quien decide y cual debe ser la vía que quiere utilizar para lograr una mayor comprensión de los grandes misterios de nuestra existencia. Tiene que ser él quien decide si prefiere salirse de las enseñanzas religiosas, de la fe, para acercarse a este misterio, si prefiere utilizar métodos de meditación, de aislamiento, o si prefiere consumir sustancias psicodélicas. Pero en realidad no es tanto la LSD que puede aportar la iluminación al individuo; hace falta una preparación, hace falta una expectación y una madurez, y una responsabilidad muy grande. Sin estos requisitos la LSD no es más que una sustancia, una sustancia que tiene relación con nuestro organismo. Nosotros, como organismos bioquímicos, tenemos una afinidad con el mundo vegetal y hay sustancias que influyen en nuestra conciencia; vivimos el mismo ciclo vital que las plantas, y la LSD, al igual que todas las sustancias psicodélicas, tiene su origen en el mundo vegetal. Nosotros lo debemos todo a la planta, le debemos nuestro alimento, nuestro propio proceso vital y su energía, y en realidad podríamos calificar estas sustancias de psicovitaminas, capaces de ayudarnos a ir más allá de nuestra maduración física, que nos ayudan a un crecimiento psíquico y espiritual.
Fernando S.D.: Respecto precisamente a occidentales... Después de la relativa permisividad de los años 60, cerraron filas no sé si con mucho conocimiento de causa, contra la LSD y sustancias parecidas, y nos avisaron sobre el riesgo de destrucción de neuronas, destrucción de cromosomas y... en fin, otros componentes genéticos, e incluso ya no en occidente sino en el propio oriente, en el mundo de las sectas, de los gurues, de los iniciados, de las religiones mistéricas etc., se empezó a decir que la utilización de estas sustancias dañaba de forma irremediable lo que en el hinduismo se llaman los chacras, esa especie de puntos neurálgicos, puntos vitales, puntos energéticos del organismo, a través de los cuales se produce la reunión del microcosmos con el macrocosmos. ¿Que hay de verdad y que hay de leyenda interesada, en este ponernos sobre aviso a propósito de estos peligros?
Dr. Hofmann: Bueno, estas publicaciones indicando de que la LSD trastorna la masa del globo cerebral, y por ello influye negativamente en los cromosomas, pues es una afirmación errónea como se ha demostrado científicamente; no se han podido demostrar secuelas físicas. Como ya he dicho el peligro radica de que la vivencia psicológicamente profunda de una realidad distinta; excepto en el caso de una experiencia que para una psique determinada no sea superada, no ha habido ningún tipo de peligro físico. Se han tomado centenares de dosis de LSD por el mismo individuo sin que se haya producido ningún daño físico; cuando se toma sólo tres veces la cantidad de heroína de la que es necesario para obtener su efecto habitual, pues el individuo muere; si bebo diez veces más alcohol del que me hace falta para producir el efecto deseado, también muero. Sin embargo, de LSD se ha llegado ha tomar cien veces la cantidad necesaria sin que se produzca ningún daño físico. Lo que sí ha ocurrido es que se han producido muertes como consecuencia del estado profundo de confusión de la conciencia que se produce en un individuo no preparado; una vez más, LSD forma parte de las llamadas drogas sagradas, sagradas en el sentido de que hacen falta los preparativos necesarios, hace falta un respeto. Y vuelvo una vez más a Eleusis: estas drogas se tienen que administrar tal como se administraban en Eleusis; me parece que incluso puede ser un ejemplo de cómo manejar estas sustancias en nuestro tiempo.
Andre Malbi: Doctor,
Fernando S. D.: Es que, perdona una cosa brevísima, ¿ tú a tu divina edad sigues experimentando con estas sustancias en tu cuerpo y en tu alma?
Dr. Hofmann: Mmm... je, je, je, todo lo que LSD me ha podido dar, ya me lo ha dado, y ahora intento vivir de acuerdo con estas vivencias. LSD me ha abierto los ojos, he sido capaz de comprender, y ahora intento mantener mis ojos abiertos siempre, es decir, mantener la conciencia abierta, sin LSD; seguir comprendiendo el milagro de la vida, el milagro y el misterio del ser y del devenir.
Andre Malbi: Al igual que los Taoístas decían que el ideal de la actividad era el buen hacer y el hacer sin actuar, puede ser de que la conciencia tenga que..., que actuar sin ejercerse hacia fuera; puede ser de que el único mundo en el cual tengamos acceso realmente sea un mundo interno, y que este mundo interno cuanto más símil al que nos rodea, mejor. Puede ser el LSD sea uno de esos caminos y pasos... de paso, eh, creo que los siete que estamos aquí somos todos drogados porque hoy hemos tomado derivados de "colinas" (¿?) que sea café, té o que sea chocolate, el chocolate que es sin cacao, que no es broma...
(...)
Durante esta última intervención van pasando los títulos del cierre del programa y así acaba el programa y la cinta. He intentado traducirlo lo más literalmente posible con los dejes y errores gramaticales del habla y escribirlo todo tal y como yo lo he escuchado; hay que tener en cuenta que las respuestas del Dr. Hofmann las dice en realidad la traductora y que ha habido palabras y expresiones que no sé si los he trascrito correctamente.
Domentx Ucin eta Maite Elizburu, 2001-03-26. Bartzelona - Soraluze
http://www.imaginaria.org/entr_hof.htm
sábado, 17 de octubre de 2009
Una noche con ALBERT HOFMANN
domingo, 4 de octubre de 2009
28/06/1997 *Hofmann entrevistado por el Dr. Fericgla
Los días 27 y 28 de junio pasado se celebraron en Barcelona las II Jornadas sobre enteógenos (alucinógenos). La estrella más entrañable del evento fue el universal Dr. Albert Hofmann, químico descubridor de la LSD-25, la droga que revolucionó el mundo occidental, nuestro arte, la forma de entender la vida y la muerte, nuestras relaciones sociales... No creo que sea necesario extenderme acerca de esta substancia, ingerida casualmente por el Dr. Hofmann en abril del 1943 y que resultó ser la llave química de donde nacería el Pop art, el interés por las filosofías orientales y un conjunto de elementos más que hoy configuran el zócalo más profundo de nuestro mundo y de nuestra idiosincrasia. Albert Hofmann tiene 91 años pero en absoluto lo aparenta. Elástico en los movimientos y jovial hasta cualquier hora nocturna, sin bastón, gafas, ni otras ayudas artificiales. Le encanta el vino tinto y asegura que beber una copa cada noche alarga dos años la vida, sabe tratar a los demás con un respeto excelso y le atraen las chicas hermosas y la vida intensa. Hace más de veinte años que no toma LSD (¿para qué? la LSD ya me dio todo lo que me podía dar, no necesito tomar más, me responde cuando lo comentamos) y su mirada es firme, escudriñadora e irónica hacia todo lo que le rodea. Es de las pocas personas que conozco que cuando te mira lo hace de frente, está totalmente en ello y sabe escuchar —¡virtud, por desgracia, a la baja!—. También es espontáneamente cuidadoso y sopesa cada uno de sus actos. Me recuerda a los campesinos suizos, su país de origen y donde ha vivido toda su vida: fuertes, sanos, risueños y a la vez atentos, perspicaces y de mirada directa.
Lo que sigue es el resumen de una larga charla entre amigos, un domingo por la tarde, después de una sabrosa paella preparada con cariño.
Josep Mª Fericgla: Albert, ¿hay alguna pregunta que te hubiera gustado que te plantearan y nadie lo ha hecho?
Albert Hofmann: (piensa un segundo y responde con seguridad): ¡Sí! Por qué estudié química. Nadie me lo ha preguntado nunca.
J.Mª F.: Bien, pues... ¿por qué te hiciste químico?
A.H.: Estudié química porque era una cosa extraña. Es sorprendente que cuando yo tenía 19 años estudiaba literatura, historia, artes... ¡eso era lo que me gustaba! Me preguntaba a mí mismo ¿qué es el mundo material? ¿cuál es la ciencia del mundo material? Fue por esa razón filosófica que estudié química. Mi antiguo profesor de filosofía me repetía a menudo que debía hacer algo en este campo, lo que entonces me sorprendía porque yo no sabía nada de química ¡hice el bachillerato de latín!. Sólo sabía que era la ciencia del mundo material y esto es un verdadero misterio, pero es algo que... debía ser válido, porque el mundo material existe y no podemos cambiarlo con sólo una discusión de opiniones. En literatura o en arte siempre hay ideas distintas, pero el mundo material es estricto, es rígido. Este fue el motivo por el que estudié química. Claro que debo decirte también que sin esa extraña idea nunca hubiera descubierto la LDS, y cuando eso sucedió reapareció de nuevo ese misterio que tenía en la mente a los 19 años. Siempre me andaba preguntando a mí mismo ¿por qué llegaste a estudiar química? Y ahora creo que probablemente ese era mi destino, tenía que descubrir la LSD pero para eso hacía falta estudiar química...
J.Mª F.: Hay químicos que defienden que los seres humanos no somos más que un complejo saco de química. ¿También tu piensas eso?
A.H.: ¡¡No, no!! Lo es nuestro cuerpo. Eso sí es química, por supuesto. Todos contenemos los mismos elementos: carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno... por eso somos parte del Universo material. Somos una parte individual de ese Universo material, y como seres conscientes somos una parte individual de la Consciencia Universal. Esa es mi manera de verlo. Todo en el universo tiene una parte material y otra espiritual, ¡todo! El Universo espiritual no podría existir sin el material y al revés.
J.Mª F.: Eso es algo defendido por casi todas las religiones, pero el problema no es la dualidad sino cómo o dónde se halla la conjunción entre espíritu y materia.
A.H.: Tienes razón. Puedo mostrarte exactamente donde está: en los centros del cerebro. Por ejemplo, fíjate en las experiencias visuales ¿qué son? ¿cómo podemos ver algo? Para ello debe haber algo fuera, un objeto. Pero entonces sólo podemos verlo si hay luz. La luz es energía, ondas electromagnéticas que penetran en nuestro ojo. Luego, estas ondas producen una imagen nerviosa en el ojo y desde ahí el nervio óptico las envía a los centros del cerebro. Toda esta geografía del cerebro la conocemos perfectamente. Pero entonces pasa algo: a partir de este suceso energético, es decir material, se produce la visión, y la visión es algo espiritual, no es material. De esto no se puede explicar nada más. Ver es ver y no es material. No podríamos ver sin la materia, sin la energía, pero esta energía no produciría ninguna imagen sin el mundo espiritual. Ver es algo absolutamente espiritual. Las ciencias naturales no pueden dar ninguna explicación a ello. Siempre tenemos un impulso exterior, quizás químico si comemos algo, y esta química en mi interior produce un impulso que llega hasta el cerebro, y mi mente dice: "dulce, dulce...". Así, toda esta conexión entre el mundo material y el espiritual sucede en nuestro cerebro, en los centros del cerebro. Hasta ahí podemos reseguir las ondas energéticas que vienen del exterior... pero ahí empieza el mundo espiritual porque, por ejemplo, el sonido no existe en el exterior, allí sólo existen vibraciones de aire, el sonido tal y como lo percibimos es espiritual, lo mismo con los sabores y las imágenes.
J.Mª F.: Estos argumentos los he leído en tu último libro Mundo interior mundo exterior, pero me gustaría saber tu opinión más allá de esto. Este límite entre lo material y lo espiritual ¿cómo lo concibes traducido al fenómeno vida-muerte?
A.H.: ¡Me gusta esta pregunta, es interesante! Ambos, el mundo material y el espiritual, provienen del mismo origen. La materia es básicamente caos, entonces llega una fuerza espiritual que, por así decir, produce una química muy inteligente y organiza los elementos materiales para formar todos los organismos vivos. En el mismo principio hay una chispa de vida que no podemos explicar, que se sitúa en la semilla, en la célula fertilizada. Es como una célula de la Consciencia Universal. Existe algo misterioso: la consciencia. Es ella la que construye un ser vivo a partir de materia muerta. Es la fuerza de la vida, la misma que crea una planta, una flor o un ser humano... todo. Cuando morimos este elemento de consciencia desaparece. Ya no podemos ver, ni oír... todas estas funciones que están dirigidas por la fuerza vital ya no se dan. Nuestro cuerpo vuelve a la forma desde la que se originó —agua, carbono...—, vuelve a la Consciencia Universal. Deja de ser una parte individualizada de esta Consciencia Universal y se convierte en parte del mundo material universal, los elementos. Es evidente para las ciencias naturales que aunque no podamos explicar por qué pasan estas cosas, si no hay energía, si no está presente esta fuerza creadora que origina las plantas y los seres superiores, todo vuelve a los elementos base, al caos. A esta fuerza creadora podemos llamarla Dios o Espíritu creador, o como se quiera, se trata de una fuerza mística que utiliza el mundo material para manifestar su espiritualidad. Me atrevería a decir que el mundo material es la representación, como la imagen, del mundo espiritual.
J.Mª F.: Si te parece, cambiemos de tema. Después de toda la historia reciente ¿Nunca te has arrepentido de haber descubierto y divulgado la LSD-25?
A.H.: ¡No, nunca! Yo intentaba preparar un medicamento y descubrí los efectos de la LSD, esta substancia que tiene un efecto espiritual. ¡No puede ser nada malo! Tampoco era mi intención descubrirlo. Digamos que tuvo que ser idea de algún espíritu generoso. Para nada puedo sentirme arrepentido, en todo caso debería ser la vida la que se arrepintiese. Debes hacer lo que depende de ti, y probablemente ya esté planificado todo lo que luego sucederá.
J.Mª F.: Pareces muy determinista con esta afirmación, Albert. Para hablar de tu antiguo conocido C.G. Jung, tal vez él diría que nuestras acciones están mayormente determinadas por el inconsciente que es quien planifica, ¿qué piensas de ello? ¿Compartes el rechazo a la idea de la existencia de un inconsciente humano, como hacen algunos científicos positivistas?
A.H.: Tengo una opinión bastante clara al respecto. No comprendo como se puede negar el inconsciente ¡es tan obvio! Tenemos sueños, recuerdos que hemos olvidado y luego recuperamos de nuevo, también para eso sirve la LSD. Todo eso es inconsciente. Ahora mismo, yo soy consciente de este momento, pero no puedo serlo de todo lo que me sucedió ayer o anteayer. Cuando estamos sanos, la consciencia es siempre ahora y aquí, el resto es inconsciente. Es como si registramos imágenes en una cinta de vídeo y después las podemos poner una y otra vez. Lo que sea sucedió una única vez, pero no puedes decir que el vídeo no existe.
J.Mª F.: ¿Crees que cada enteógeno genera imágenes similares en cada persona que lo consume?
A.H.: Es una experiencia interior, en el inconsciente. Pero eso no significa que sea siempre igual. No siempre vi flores ni formas psicodélicas al tomar LSD. Tuve experiencias muy, muy diversas. Algunas extrañas y otras muy cercanas a la consciencia diaria.
J.Mª F.: La ayahuasca es el centro de la cultura simbólica del mundo indígena en la amazonia. Una vez realicé un experimento ofreciendo LSD a un apartado chamán indígenas amazónico sin ningún contacto con la California años 60, y dijo haber visto flores y cielos de colores, imágenes que nunca aparecen con la ayahuasca y que él desconocía. ¿Qué posibilidades químicas hay de que esta imaginería que parece salir del inconsciente venga "insertada" en la LSD?
A.H.: No lo sé, pero hay algo curioso en esta conexión. Cuando experimenté con hongos alucinógenos por primera vez, los había conseguido para analizarlos pero yo quería probar el efecto antes de iniciar la investigación en el laboratorio. Así que mastiqué aquellos hongos secos y tuve una experiencia muy extraña. Todo cambió y adquirió un carácter indio: los colores, las figuras, mi habitación había cambiado. Yo nunca había estado en México, pero tenía la sensación de que aquello debía ser como México antiguo. Se acercó uno de mis colegas que estaba allí para supervisar mientras yo ingería los hongos. Es un hombre rubio, pero yo le vi como a un sacerdote azteca. Yo había leído sobre aquellos sacerdotes, y realmente el ambiente y la estancia eran típicamente indios. Se dice que estas imágenes son típicas de la psilocibina. Ahí sí veo una conexión entre el arte indio y las visiones que tienen con mezcalina o psilocibina. Me sucedió lo mismo que en mi experiencia con María Sabina. Ella me preguntó qué había visto y le respondí que una imágenes difíciles de describir. Posteriormente hicimos un tour visitando viejas iglesias de la primera cristianización de México, construidas por obreros indios. Al entrar, vi representado lo que me había aparecido en las visiones de los hongos psilocíbicos. Siempre se ha dicho que le arte mexicano ha estado muy influido por este tipo de visiones.
J.Mª F.: Dada la enormidad de tus experiencias personales y del importante papel que has jugado en la cultura actual ¿qué recomendarías a los jóvenes, en general?
A.H.: En el prólogo de mi libro sobre la LSD describí una visión de una experiencia que tuve siendo niño y que se repitió bajo los efectos de la LSD. Esto significa que podemos tener experiencias visionarias espontáneas, son naturales. La posibilidad está en el interior del ser humano aunque estas substancias ayuden a provocarlo. Por eso, al principio me sorprendió que uno pueda provocarse estas experiencias con substancias químicas. Pero yo les diría a los jóvenes: intentad abrir los ojos, intentad mirar ¡sólo mirar!. Hay quien dice que es peligroso, pero es porque miran y piensan con palabras. Y lo importante es ver sin pensar, para poder pensar después ¡Ver y pensar! no se pueden hacer ambas cosas a la vez. En la entrada a una vieja ciudad suiza está escrito: Abra los ojos, significa que intentes ver lo que es de verdad y no pienses en que esto es el cielo, o un árbol o una nube. No. Mira el árbol sin pensar. Mira todas las cosas vivas que no están hechas por el ser humano. Sólo míralas, eso es lo que digo a la gente joven. Después, y si uno quiere por supuesto, puede provocarse las imágenes con la ayuda de substancias, pero antes hay que mirar. Tuve una discusión con Leary porque daba enteógenos a los jóvenes y yo les decía que antes de intentar ver más, simplemente tenían que ver. No hay que trastornarlos con demasiados pensamientos. Es importante que los jóvenes salgan a los bosques, a la Naturaleza... ¡y miren! Eso es lo que deberíamos enseñar en las escuelas, además de pensar y nombrar. Uno termina pensando en los nombres de las cosas y no en las cosas de verdad. Con los escritores sucede lo mismo: los hay que se expresan en términos abstractos y otros que intentan describir las imágenes, y eso es importante porque muchos pensamos en imágenes. El pensamiento abstracto es muy difícil para mí, no podría pensar como hacen los abogados o los filósofos.
J.Mª F.: Nietzsche dijo que el siglo pasado fue el siglo de la salvación, la gente orientaba sus vidas hacia ello, pero que el presente siglo sería el de la curación, la gente buscaría sanarse, y parece que acertó. ¿Qué sugerirías a los psicoterapeutas actuales?
A.H.: Creo que la psicoterapia va por buen camino. Cada vez viene más la psicoterapia transpersonal y cuando se hace bien, cosa que aun muy pocos saben, significa que en lugar de mirar adentro y analizarlo todo, hay que intentar abrirse a fuera. Transpersonal significa que no te mires sólo a ti mismo, sino que mires al exterior. Aquí está el futuro de la LSD, ayuda a mirar y a ver hacia fuera. Te cuento un ejemplo, el hijo de un amigo mío era estudiante de medicina y no se encontraba psicológicamente bien. Seguía con su trabajo habitual pero empezó a tener problemas, a ver cosas en la habitación y no podía dormir. Fue a un psiquiatra que le hizo análisis buscando cuál era su problema, entonces me lo enviaron. Le pregunté y me lo contó, pero no podía decir exactamente qué problema sufría. La situación es que tenía 20 años y en Suiza a esa edad hay que cumplir el Servicio Militar. Mi amigo me preguntó si podía enviar a su hijo en ese estado. Le contesté que sí ¡que lo hiciera!. Allí le levantaban a las 5 de la mañana, tenía que fregar siempre. A los dos meses regresó con sus problemas curados. No siempre es bueno mirarse hacia adentro, hay que forzarse a mirar fuera. Una actividad con un objetivo concreto y con significado es la mejor curación para los problemas psíquicos. Hay que mirar hacia afuera para que el ego salga y esté en comunión con el mundo exterior. Mirarse al interior enloquece, hace a la gente egocéntrica y tonta. Goethe decía que el único camino para librarse del sufrimiento psíquico es hallar una actividad dirigida por un objetivo.
J.Mª F.: Esto parece bastante contrario a lo que proponía Freud.
A.H.: Creo que Freud no era un buen hombre, no, en absoluto.
J.Mª F.: Estamos alegres de verte, a tus más de 90 años, en este estado físico y mental. En confianza, y si me lo quieres explicar ¿cuál es tu secreto?
A.H.: ¡Ja, ja, ja...! Es que tengo los ojos abiertos. Me entran muchas cosas de fuera y me olvido de mí mismo, y siento que la vida es hermosa. Eso es lo más importante. No soy un fanático de la salud, pero tengo un metasentido de lo que es bueno para mi cuerpo. Cuando tenía 50 años tuve dolor de mi brazo y fui al médico. Descubrí que colgarme de los pies al revés era muy bueno por su efecto antigravedad y desde entonces lo hago cada día. No puedo tragar nada si no lo mastico mucho, así también se disfruta más de la comida mientras está en la boca. Mucha gente traga demasiado rápido, y la gente trabaja de la misma manera que come. Yo como lento, trabajo lento... ¡soy un hombre perezoso! Pero lo importante para estar bien es el mundo espiritual. Antes también corría por el bosque, me gustaba muchísimo, y cuando era joven practicaba varios deportes. Ahora camino bastante.
J.Mª F.: ¿Cómo se imagina el futuro una persona como tu, que recuerdas cuando llegó el primer coche a la ciudad de Basilea y has vivido la transformación del mundo?
A.H.: El futuro próximo será una época terrible con una crisis increíble. Pero podemos mirar la historia, las crisis anteriores, y vemos que la vida es mucho más fuerte que las cosas. Sobreviviremos, pero tendremos que pasar por épocas muy, muy malas. Ahora estamos intentando destruir la Naturaleza, pero antes de que podamos destruirla nos habremos acabado a nosotros mismos. También a nivel social es desastroso, incluso en Suiza hay gente muy pobre y gente muy rica. El sistema capitalista es terrible. Hemos de aprender a cambiar las cosas, debemos estar en armonía con la Naturaleza. La fuente de la vida no está en lo que hacemos los seres humanos sino en la Naturaleza y nosotros somos parte de ella. La gente volverá al campo, como antiguamente, y vivirá en poblaciones pequeñas. Desaparecerán los problemas de las ciudades de millones de habitantes que viven en un entorno muerto. Creo que en el fondo tengo una imagen positiva porque sabemos qué es lo que hay que hacer para ser felices. Lo sabemos aunque no lo hacemos. Pero al final, no hay más remedio, tendremos que hacerlo.
Josep Mª Fericgla
sábado, 26 de septiembre de 2009
Michel Maffesoli: "El futuro ya no moviliza energías"
Para el sociólogo francés Michel Maffesoli posmodernidad es el nombre "provisorio" que se le da a esta época en la que no se piensa en mañana y sólo se trata de vivir intensamente el presente. En América Latina y en Extremo Oriente, afirma, se desarrollan los laboratorios de la creatividad.
MAFFESOLI EN EL PRESENTE POSMODERNO. Recién en el siglo XIX nació el término modernidad. Hasta que se encontró un nombre, cuenta el autor, para referirse a esa época se hablaba de posmedievalismo.
Michel Maffesoli vive sólo el presente. "Creo que no existe una cosa llamada futuro", dice en esta charla ocurrida en un hotel boutique de Buenos Aires pleno de objetos envejecidos y futuristas que contradicen la identificación temporal de este profesor de sociología de la Sorbona. Vino a Buenos Aires a dictar un seminario en el Doctorado en Ciencias Sociales de la FLACSO y a presentar su último libro El Reencantamiento del mundo (Dedalus editores) en la Alianza Francesa de Buenos Aires. Viaja con frecuencia a Sudamérica y a Oriente donde detectó los "laboratorios de la posmodernidad" distinguibles por el culto a la creatividad. En los años ochenta Maffesoli teorizó sobre las tribus urbanas y desde entonces su apellido va enlazado a cuanto agrupamiento juvenil ocurra en cualquier lugar del mundo. Da lo mismo si se trata de Tokio, Nueva York, Barcelona o Buenos Aires, las conductas tribales se repiten y hallan ecos a un lado y otro del mundo. "Nuestras sociedades van a ser en cierto modo una especie de mosaico de esas tribus y cada uno va a participar en varias de ellas. En función de mi gusto sexual, musical o religioso, voy a estar hoy acá, mañana en otra tribu", define antes de volcarse a reflexionar sobre el contexto en que este fenómeno se desarrolla. Por eso, comienza esta entrevista bautizando y caracterizando la era en la que vivimos.
-En Europa la intelligentsia política, periodística y universitaria continúa hablando de modernidad para describir el período en el que vivimos. Soy de los que creen que estamos en la posmodernidad dado que tenemos toda una serie de valores que ya no son los que imperaron durante la modernidad. Pero el problema es que siempre hay un desfasaje entre lo que se vive y lo que se piensa y lo que se nombra. Hay que tener en cuenta que el nombre mismo de modernidad apareció recién en 1848: fue Charles Baudelaire justamente quien lo utilizó para nombrar lo que estaba ocurriendo. Hasta entonces, solamente se hablaba de posmedievalismo: lo que venía después de la Edad Media. Y no es sino hasta la mitad del siglo XIX que va a empezar a hablarse de modernidad para nombrar lo que se vivía. Creo que estamos más o menos en la misma situación. Es falso hablar de modernidad. Lo único que tenemos es el término posmodernidad para decir lo que está en juego. Y recién más adelante –tal vez en 2050 o lo que fuere–, se podrá encontrar el término que caracterice lo que vivimos ahora. Quiere decir que posmodernidad es un término provisorio para decir que hemos superado la modernidad.
-¿Qué características encuentra en la posmodernidad que la diferencian de la modernidad?
-Hay tres grandes valores modernos: el trabajo –que se convierte en el imperativo esencial, aquello a través de lo cual hay una realización de cada individuo. Segundo, la razón como único elemento que caracteriza tanto al individuo como a la sociedad. Y tercero, el futuro: la fe en el porvenir. Tenemos ahí, los pivotes modernos que luego se encontrarán en la educación, en lo social, en la economía, como lo mostró Michel Foucault, en todas las instituciones que se elaboran en el siglo XIX. Este es el aspecto de la sociedad oficiosa, identificable en las generaciones jóvenes que ya no se reconocen en la sociedad oficial. Ahora bien, esa sociedad oficiosa, que yo llamo posmodernidad ya no gira en torno del trabajo sino de la creación: hacer de la propia vida una obra de arte, poner el acento en lo cualitativo de la existencia, la dimensión un poco hedonista. En segundo lugar, ya no la razón como simple vector por el cual uno se piensa a sí mismo y la sociedad también, sino la imaginación, lo imaginario y en tercer lugar, el presente dado que en términos de temporalidad ya no se vive más el futuro, el carpe diem, diría incluso: presente-ísmo. Eso es, dicho de una manera muy simple: lo que se abandona –trabajo razón futuro– que es oficial, en las instituciones oficiales. Y después, el gran elemento de la posmodernidad con su dimensión, una vez más, de creación, de imaginación, de presente, que sería un poco la napa freática de la sociedad actualmente.
-Una vez dijo que América Latina era el laboratorio de la posmodernidad, ¿por qué lo cree?
-Decía que Europa había sido el laboratorio de la modernidad porque justamente se había puesto el acento en esos valores que acabo de señalar. Lo que me impresiona de América Latina y de Extremo Oriente –Japón, Corea– es que ahí es donde la imaginación es importante, es ahí donde, en el fondo, se da no sólo el trabajo sino la creación. No simplemente el futuro, sino el presente. Y también en América Latina es donde se están elaborando –mucho más que en Europa– estos nuevos valores. Por eso hablo del laboratorio de la posmodernidad. El problema es –lo veo en Brasil adonde voy a menudo– que los intelectuales están muy marcados por los esquemas europeos: demasiado marxistas, demasiado estructuralistas. Transplantan a la realidad latinoamericana realidades de pensamiento que habían sido elaborados en Europa o en América del Norte. Desgraciadamente la intelligentsia sigue determinada por los modelos estadounidenses y europeos.
-Entonces, ¿podemos pensar en el futuro? ¿Existe el futuro?
-Creo que no. Efectivamente, se puede caracterizar, comprender bien una civilización, una época, en función del elemento temporal en el que esa época pone el acento. Hay grandes épocas –la Edad Media, por ejemplo– donde lo que se llamaban las grandes sociedades tradicionales tomaban el pasado como elemento temporal. Hay otros grandes momentos culturales para los cuales lo importante es el futuro. La modernidad es eso, proyectar: los mañanas que cantan, la sociedad perfecta, el mito del progreso. El progresismo del siglo XIX es un buen ejemplo de esa proyección de la energía hacia el futuro. Y luego hay otras grandes civilizaciones para las cuales lo que importa es el presente. Aclaro que eso ha hecho una civilización como el Renacimiento, el Quattrocento en Italia, lo que se llama ese tiempo que fue el siglo III o IV de la era cristiana, lo que se conoce como la decadencia romana, de hecho, en ese período se elaboraban cantidades de cosas, pero lo importante era el presente. Y en mi opinión, entramos en otro de esos grandes lapsos de presente-ísmo. Es interesante ver volver esa idea hedonista, esa idea de carpe diem. O sea que, desde esta perspectiva, lo que está en gestación actualmente, la gran tendencia, está focalizada en el presente; la idea misma de futuro ya no moviliza las energías. Un ejemplo: veo en Europa, y en Francia en particular, respecto de la gente de mi generación, una desafección con respecto a lo político. Lo político no funciona más. Ni izquierda ni derecha. Yo digo "lo" político porque lo propio de lo político es proyectivo, está orientado hacia el futuro. Y estas jóvenes generaciones no adhieren, no se identifican más con los grandes valores futuristas. Se concentran en el presente.
-¿Y cuáles son las consecuencias para una sociedad cuando no piensa en el futuro?
-Justamente que no podemos imaginar que el futuro no sea el valor oficial, que no sea la temporalidad oficial porque toda nuestra concepción de la sociedad, de las instituciones se hizo en proyección hacia la búsqueda de la perfección futura. Hubo otros períodos históricos en los cuales la energía –lo digo de una manera un poco más sofisticada– no estaba tendida hacia afuera –extensiva– sino que tendía hacia adentro –intensiva. Es la intensidad del instante. Entonces ya no se busca la eternidad en el paraíso celestial, en el paraíso terrestre sino que se buscará la eternidad en el buen momento, la buena ocasión, la oportunidad –lo que vivo en el presente, comiendo, bebiendo, bailando– es el carpe diem. En esta joven generación me sorprende esa especie de intensidad del momento. No tiene ganas de hacer proyectos de vida, proyectos políticos, económicos –pero incluso proyectos de vida. Hay circunstancias en que la civilización se proyecta; hay otras ocasiones en que la civilización vira al presente. La temporalidad de la posmodernidad es el presente.
-Ha dicho que en Francia los jóvenes no adhieren a la izquierda ni a la derecha, ¿tampoco simpatizan con otras expresiones políticas? ¿Son apolíticos?
-En primer lugar, hay que señalar que la separación izquierda derecha ya no es muy pertinente. En los sesenta se podía reconocer de inmediato cuando alguien hablaba si era de izquierda o de derecha. Ahora, en las mismas personas, hay un poco de izquierda, de derecha, de ecología. En segundo lugar, lo político está saturado en las generaciones nuevas. Ya no existe ese compromiso político para la realización de una sociedad futura –sea revolucionaria, conservadora o reformista. Todavía hay jóvenes que entran en los partidos políticos, pero es una minoría pequeña. Eso no quiere decir que no haya regularmente formas de rebeldía, de rebelión, pero son explosiones espontáneas que van a surgir en un momento dado sin que se inscriban en un programa. Son más bien explosiones de humor: antiglobalistas, ecologistas, contra la cumbre del G-20, contra la cumbre del G-8. A veces muy violentas, brutales, sangrientas, pero que no se inscriben en una perspectiva política. Hay rebelión, hay revuelta, pero no es programada ni programática.
-Como las revueltas en la periferia de París...
-Por ejemplo. Hasta los partidos políticos les tienen miedo a esas rebeliones. Aun los de izquierda. Incluso hay obreros –no jóvenes– que para defender el trabajo en una fábrica emprenden acciones muy violentas: amenazan con hacer volar la planta o cosas por el estilo. La lógica sindical es huelga, negociación, pero estas expresiones señaladas son muy fuertes y violentas.
De Revista Ñ
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Antonio Escohotado: "Los griegos no tenían problemas con el sexo pero temían al alcohol”
Puede conversar de drogas psicoactivas con la misma naturalidad que lo hace de Aristóteles, de Newton o de economía. Antonio Escohotado nos recibe en su domicilio madrileño donde nos cuenta cómo evolucionaron los vicios y placeres carnales a lo largo de la Historia. 
-La búsqueda del placer y el vicio han marcado la historia de la humanidad. Sin embargo, nuestra valoración moral sobre esos disfrutes ha ido cambiando con el paso del tiempo. ¿Por qué ha variado tanto en cada época?
-Ningún grupo humano ha prescindido de reglas morales, que apoyan esto y rechazan lo otro, si bien algunos de los grupos más duraderos han ido modificando esas pautas con el despliegue de su historia. La ebriedad y la cópula siempre se han tratado con singular preocupación, aunque Occidente fue acumulando experiencia –y tolerancia– en ambas esferas.
-Por lo que cuentan los clásicos, los antiguos atenienses no parecían tener ningún complejo en practicar libremente el sexo...
-Ciertamente, los griegos no tenían ningún problema con el sexo, porque no fueron ascéticos, pero les aterrorizaba el alcohol. Los jóvenes tenían prohibido beber, lo mismo que las mujeres, salvo que fueran cortesanas. Platón afirma que los viejos debemos hacer libaciones a Dioniso (entiéndase beber) cada vez más frecuentes, pues nada alivia en mayor medida las miserias de la senectud. Grecia fue un importante exportador de vino, y Dioniso (el Baco de los romanos) era un dios terrible, símbolo de lo irracional y salvaje. El mejor testimonio lo encontramos en Las Bacantes, la tragedia de Eurípides, donde Dioniso inspira canibalismo y parricidio.
-¿Los romanos tenían el mismo problema con el vino?
-Lo heredaron de los griegos. Durante la República, cuenta Tito Livio la triste historia de una mujer que fue sorprendida con las llaves de la bodega y condenada a no salir de allí hasta haber muerto de hambre. La costumbre se relajó al progresar el Imperio y el vino borró su estigma ancestral al identificarse con la sangre de Cristo en el rito de la misa. Como ocurre con otros vicios y placeres, nos fuimos acostumbrando y hacia el siglo XIII aparecieron los aguardientes, que multiplicaron las enfermedades venéreas no sólo en Europa sino en la China de Gengis Kan. Desde entonces, el alcohol ha sido un fiel compañero para buena parte de la humanidad.
-Volviendo a los griegos, ¿fueron ellos los que refinaron el arte de alcanzar una existencia plenamente placentera?
-Aquella cultura fue admirable. Grecia brilló dos siglos y luego acabó devorada por su propio éxito, que la llevó a entregar todo el trabajo a esclavos y entrar en una decadencia por recesión. Por lo que se refiere al sexo, los grandes problemas llegaron con el cristianismo, aunque los romanos ya habían prohibido con anterioridad los ritos báquicos. Livio cuenta que miles de personas fueron ajusticiadas por participar en ellos.
-¿En las bacanales se ingerían todo tipo de drogas?
-Por supuesto. Eurípides cuenta que Ulises dio de beber a Polifemo un vino tan fuerte que debía ser aguado en cuatro quintas partes, so pena de enloquecer. Quizá los cargaron con extractos de belladona, beleño, hachís, opio, cáñamo e incluso hongos. Lo mismo ocurría en las celebraciones de la gran institución religiosa griega, los Misterios de Eleusis, que persistió hasta la caída del Imperio Romano. La inefable impresión que el ritual causaba en sus peregrinos sólo puede explicarse por magia o por química. Entre sus iniciados se encontraban Platón, Aristóteles, Cicerón, Adriano o Marco Aurelio, todos ellos prototipos de sobriedad intelectual. Fueron los obispos cristianos de Alarico quienes destruyeron el santuario eleusino.
-¿Se conoce qué tipo de sustancia psicotrópica utilizaban en los Misterios de Eleusis?
-Investigaciones de Albert Hof- mann y otros demostraron que los iniciados en Eleusis pudieron consumir un brebaje preparado a partir del cornezuelo del centeno, que sigue creciendo allí en una variedad especialmente poco tóxica. Los sacerdotes eleusinos se llamaban hierofantes (“reveladores de lo sagrado”) y psicopompos (“los que ponen de manifiesto lo anímico”) e imponían a sus iniciados la llamada “reserva mistérica”. Todos juraban por su vida no revelar nada sobre el rito de iniciación. Pero no ya en Eleusis y en otros cultos mistéricos del Mediterráneo, sino en Asia, África y América es evidente que las comuniones religiosas previas al monoteísmo se hacían con hostias psicoactivas.
-Epicuro abogaba por una vida de continuo placer como clave para la felicidad. ¿Fue tanta su influencia en la Antigüedad?
-Epicuro alertó contra quienes viven de vender la vida eterna, y asustan con infiernos. “Sólo cabe temer –dijo– el dolor que acompaña al acto de estar vivo”. Por lo demás, el placer epicúreo, la hedoné, tiene mucho de severidad y matemática; el camino de una vida sensata consiste en evitar que placeres menores nos desvíen de placeres mayores. Evitar los excesos, incluso los copulativos. Imagínese un profesional del porno, que tras horas de trabajo acaba sintiendo incomodidad en las zonas evocadoras del supremo goce carnal.
-Los primeros cristianos debieron aborrecer el pensamiento de Epicuro.
-¿Qué hacer con alguien que tildaba de dementes y manipuladores a quienes metiesen miedo con el más allá? Durante el breve retorno al paganismo que representa Juliano el Apóstata sabemos por el propio Juliano que las obras de Epicuro ya eran difíciles de encontrar. Pero de los centenares de escritos de Demócrito, otro gran moralista ateo, tampoco ha quedado prácticamente nada. Gran parte de la memoria antigua desapareció con el incendio de Alejandría y de las demás bibliotecas públicas romanas.
-¿La irrupción de Roma como potencia mundial produjo grandes cambios en la moral y en la conducta sexual de los ciudadanos?
-Roma mantuvo vigente una norma –si no recuerdo mal, la Lex Escantinia– que preveía enterrar vivo al invertido sexual. Sin embargo, en Vidas de los Doce Césares, Suetonio menciona a emperadores pederastas como Tiberio en su vejez, emperatrices disolutas y orgías como las organizadas por Calígula y Nerón. Historiadores posteriores cuentan otro tanto de Cómodo y alguno más. Por ejemplo, Adriano fue sin duda homosexual. Las clases privilegiadas se permitían ciertas veleidades prohibidas al resto. A pesar de las abundantes historias libertinas de conocidos personajes históricos, como Mesalina, los romanos fueron sinceramente autoritarios en estas cuestiones, y quizá el pueblo más puritano de la cuenca mediterránea.
-Tras leer Yo Claudio, la famosa novela de Robert Graves, resulta difícil creer que los romanos eran unos redomados puritanos.
-La acusación de lujurioso –aplicada a césares, senadores, generales y aristócratas– aparece con alta frecuencia en los textos de los grandes cronistas romanos, como Livio, Salustio o Tácito. Lucrecia se suicida, recuérdese, porque Tarquino la amenaza con decir que ha sido descubierta fornicando con un esclavo. Por lo demás, todos los ciudadanos que tenían esclavas de buen ver dormían con ellas cuando querían. El peligro de que sus esposas hiciesen lo mismo era que el pater familias cargase con bastardos. Nerón se hacía traer rodaballos del Atlántico, sirviéndose de un carísimo sistema de transporte que destripaba caballos durante el día y conservaba por las noches el pescado en hornos de cal rellenos de nieve. Pero el viaje duraba al menos una semana. Sin duda, Nerón digería un género que para nosotros sería infecto. En aquel tiempo, la plebe romana vivía de vales de economato, como ahora en Cuba, y esos dispendios resultaban tanto más odiosos para el moralizante historiador romano.
-Sorprende que la modernidad y el desarrollo tecnológico no hayan impedido la existencia de sociedades intransigentes y autoritarias.
-Me parece que sí han reducido notablemente la intransigencia. Obsérvese, con todo, que entre las dulzuras del sexo está la amargura de verse influido por factores como la belleza física, la elocuencia y otras variantes de la gracia humana. Hay por eso mujeres y hombres que jugaron y juegan con ventaja. Las sociedades poco permisivas y las muy represivas complacen a un sector de población que por una u otra razón se siente menos favorecido o en desventaja.
-¿Cómo afronta el mundo islámico ese deseo humano de sublimar los placeres carnales?
-Mahoma promete a sus fieles que si son justos tendrán todas las huríes que puedan pagarse en la vida, y más aún en el paraíso. Su religión se cuida de ofrecer placer carnal eterno y muchos islámicos tienen todavía harenes. Con el paso del tiempo se han ido haciendo más estrictos, sobre todo por la presión del resto del mundo que les afea la poligamia y el situar a la mujer en un plano inferior al del hombre.Pero ellos no tienen grandes problemas con el sexo, al menos mientras tengan medios de vida para comprarse sus esposas.
-Sin embargo, son muy rígidos con el alcohol.
-Mahoma murió de una forma imprevista y no dejó claro qué hacer con el alcohol. Sus sucesores llegaron a la conclusión de que quizá no era en sí malo, pero pensaron que sus consecuencias resultaban muy negativas porque inducía a los consumidores a hacer tonterías y a mentir para justificarlas o negarlas. Mentir sí es contrario a la ley divina y para prevenirlo parece que se decidió castigar al ebrio con algunos bastonazos.
-¿Y cuál es la actitud del mundo islámico con otras drogas?
-Hay cierta permisividad con unas y severidad absoluta con otras. Por ejemplo, el opio, cuyas tabletas llevaban estampado tradicionalmente el lema “regalo de dios” (“mash Allah”), circuló intensamente por el mundo islámico hasta mediados del siglo XX, y hasta los años sesenta el Parlamento iraní tenía un fumadero, de la misma forma que el nuestro tiene un bar. Por el contrario, el hachís, tan arraigado en la zona del Rif, se consideró una droga de truhanes en otros países árabes. Me parece que la ley islámica ha llegado a la conclusión de que cualquier agente embriagante puede ser igual de nocivo que el alcohol, pues su consumo podría incitar a las personas a un descontrol que provocaría conductas “inadecuadas”.
-Resulta curioso que en Persia surgiera un personaje como Omar Khayyam, que no tuvo reparos en escribir el siguiente poema: “Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando en que mañana quizás la luna te busque en vano”.
-Omar Khayyam era un epicúreo, aunque también se le puede interpretar como un místico al estilo de San Juan de la Cruz o Santa Teresa. En ese sentido, el vino sería un símbolo para estar divinamente poseído. Roumi, quizá el lírico islámico más destacado de todos los tiempos, habla también de la ebriedad de lo absoluto. Siendo persa y sufí como Khayyam, es un poeta báquico pasmado ante la belleza del mundo y la generosidad de su creador.
-En su opinión, ¿qué papel ha jugado el cristianismo en la represión de los placeres carnales?
-Para comprender el papel de la Iglesia en esa particular historia hay que tener en cuenta el Sermón de la Montaña, donde antes de bendecir a los pobres materiales, a los afligidos y perseguidos, Jesús dirige su primera bienaventuranza a los “pobres de espíritu”. El dios protocristiano ama precisamente la desposesión física y quiere vengar los dones naturales. Toda forma de riqueza –empezando por la de espíritu o sabiduría– le sugiere soberbia e impiedad. Sus elegidos son los crédulos o “niños“, y Tertuliano –el más elocuente apologeta inicial– se regocija imaginando que Homero, Aristóteles, Virgilio y Horacio se tuestan eternamente en el infierno, purgando lo que san Agustín llamará poco después “malsana curiosidad científica”. Amar a dios es odiar la realidad física.
-Ese odio a la realidad física choca frontalmente con la conducta sexual de algunos pontífices del Renacimiento. El Papa Alejandro VI, un Borgia de origen hispano, hizo las delicias de los anticlericales de la época por sus continuos líos de faldas.
-¿Y qué me dice de la papisa Juana, que quedó embarazada y parió durante una ceremonia? Pero estas cosas no merecen en realidad mención. Ocurrieron igual en el Imperio Romano y en todos los reinos ulteriores, y me parece mucho menos espantosa una doble vara de medir que cierta conformidad impuesta a todos sin excepción. Allí donde la excentricidad no se admite, la salud social resulta imposible.
-En su último libro, Los enemigos del comercio, usted dice que los comunistas no inventaron nada, que en el fondo se inspiraron en los cristianos.
-Los comunistas ateos nunca lo han reconocido. Marx dice en su Manifiesto (1848) que la clase obrera está condenada a una miseria creciente si no acaba con la “anarquía” productiva, aunque la industrialización produjo lo contrario de una miseria en aumento y la economía planificada ha creado siempre miseria. No me diga que ambos pronósticos carecen de un nexo con la justicia social apostólica, a cuyo juicio la propiedad privada es un robo y el comercio su instrumento perfecto.
-¿El comunismo era puritano?
-Una dictadura –incluyendo la proletaria– aspira por principio a la omnipotencia. Tal como debe abolir la anarquía el intercambio económico libre debe hacerlo con cualquier otro reducto de privacidad. Todo el mundo debe estar bajo la supervisión del Comité Central, delegado a su vez en el Gran Hermano. Por lo demás, a finales del siglo XIX los comunistas del SPD alemán eran muy progresistas en materia de conducta sexual, e incluso alguno sugirió una comunidad de cuerpos y no sólo de bienes. De ellos viene suprimir el adulterio y el aborto como delitos, pero la gran mayoría de esos comunistas se negó a apoyar el leninismo, y allí donde el leninismo logró imponerse cundió la sumisión de todos a alguna normalidad arbitraria.
-¿Se siente usted una persona epicúrea?
-El ignorante sigue ligando epicureísmo con orgías y ebriedad incontrolada, aunque sea una ética de sencillez casi puritana. No reniego de Epicuro, pero es un moralista bastante más limitado que su maestro, Aristóteles, a quien por cierto venero. La matemática epicúrea del placer –en última instancia, no dejar que el corto plazo nos vele el largo– es, por otra parte, un buen compañero para experimentar con toda suerte de cosas capaces de convertirse en dolores, como los afectos, las ideologías y las sustancias psicoactivas, donde ser incauto y tener baja la propia estima lo paga uno convirtiéndose en una piltrafa o un fanático. Siempre existe un justo término medio.
-¿Por qué decidió probar cerca de 140 sustancias psicoactivas?
-Niego haber probado más de diez o doce matrices químicas, con sus correspondientes mezclas. Mi interés original fue abrirle una ventana al conocimiento, influido ante todo por Aldous Huxley. El primer ácido lo tomé en 1964, cuando era un fármaco de psiquiatras.
-Casi a la vez que lo descubrieron los hippies...
-Siempre digo que Sánchez Dragó y yo somos los únicos hippies supervivientes del país. Pero cuando hablo de esa cuerda excluyo a macrobióticos y buscadores de gurús, por más que recuerdo con cierto rubor algunos de nuestros disfraces de entonces. Viví trece años en Ibiza, cuando dio la casualidad de que aterrizaba en la isla mucha gente atractiva, y todo era barato para quien se aviniese a la incomodidad de vivir sin luz eléctrica ni otra agua que la del pozo. Hubo mucha autodestrucción dentro de los trajes floreados, pero las épocas de entusiasmo no abundan, y de aquel experimento vive todavía la isla.
-Usted es un filósofo experto en Aristóteles, que lleva años estudiando la Teoría del Caos y ha escrito multitud de textos sobre pensamiento humano, economía y drogas. ¿Por qué cree que este último aspecto de su bagaje académico es el que ha logrado más resonancia social?
-Seguramente porque es el que más morbo despierta. Me siguen rayando a veces el coche, como si de mí dependiese que otro sea adicto o muera de sobredosis, y alguna vez me lo han dicho desde el coche o la moto contigua, mientras esperábamos que un semáforo se abriese. También me han aplaudido por ofrecer información al respecto.La discreción es una virtud que lamentablemente descubrí tarde, y si pudiera volver al pasado no le quepa duda de que sería más cauto, por no decir en realidad menos arrogante. Sin embargo, no he mentido, que yo sepa. Y como tampoco puedo cambiar lo que ya fue, oigo con paciencia a quien me grita: “¡Debería haberse muerto hace unos cuarenta años!” (Grandes carcajadas).
Fernando Cohnen
De Muyint.

